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Cómo evitar que el trabajo te deje calvo

El estrés es una de las grandes inquietudes de la vida moderna, sobre todo cuando hablamos del plano laboral.

Los especialistas señalan, eso sí, que resignarnos a estar angustiados en la oficina es lo peor que podemos hacer.

No son gajes del oficio, debemos aprender a combatirlo,

pues el estrés nos afecta de forma negativa física y emocionalmente,

nos impide ser productivos y concentrarnos en el día a día, en lo que de verdad nos apasiona de nuestro trabajo.

Hoy compartiremos algunos consejos para que el estrés en el trabajo no te deje sin pelo creando hábitos saludables:

1. Descubre qué te estresa

Está claro que estás agobiado, ¿no No hay pérdida en esa sensación de que no llegas a todo, y que no puedes sacudirte siquiera cuando sales por la puerta de la oficina. Lo que tal vez no tienes tan claro es qué te estresa exactamente.

¿No te llenan las tareas que te han encargado?

¿No te llevas bien con tu jefe?

¿El ambiente con tus compañeros es un tanto insano?

¿Tienes demasiadas horas extra?

Haz un ejercicio mental y localiza qué te tiene tan inquieto. Es el primer paso para reconducir tu motivación.

2. Combátelo de forma positiva

¿Qué es mejor: luchar contra la ansiedad encerrándote en casa a comer guarrerías y ver series o saliendo a hacer deporte? Piensa que debes dar salida a ese estrés, pero no de cualquier manera. Los expertos recomiendan varias actividades que te ayudarán a enfocar la energía de forma saludable. En primer lugar, haz ejercicio y come sano (es positivo aunque no estés estresado).

En segundo lugar, asegúrate de descansar el número suficiente de horas (de siete a ocho, sin contar los minutos que remoloneas en la cama) y practica la meditación, el mindfulness e incluso la siesta. Por último, programa actividades con tus amigos y tu familia y otras más creativas para dedicarte a ti mismo (de recrear maquetas a colorear mandalas).

3. No te saltes las vacaciones

Ni los puentes, ni los festivos, ni los fines de semana… Es habitual que, cuando nos encontramos estrenados con las tareas pendientes del trabajo, ocupemos con ellas nuestro tiempo de ocio, y es un error. Debes compartimentar el día con tu horario laboral y tu horario personal, e intentar no violar esas barreras. También es útil cuando hablamos de espacios: no conviertas tu habitación en tu oficinaa no ser que trabajes desde casa.

Merece la pena hacer especial hincapié en las vacaciones, que existen por algo. Te ayudan a disminuir los niveles de estrés de la temporada laboral, también la fatiga y sus efectos (dolores musculares y de cabeza), y te permite recuperar hábitos de descanso, alimentación, deporte, sociabilidad…

4. Acepta lo que no puedes controlar

Una máxima imprescindible, y aun así difícil de asimilar. Eres humano, no una máquina, y no vas a llegar a todo; cuanto antes practiques este ejercicio emocional, mejor. Tampoco te llenes la cabeza de “deberías”, de tareas que estaría bien completar en el día o la semana, porque te impedirán centrarte en lo que tienes entre manos en este momento.

Otro útil consejo: asegúrate de cuáles son tus labores y no pretendas hacer lo que no te corresponde. Así gestionarás mucho mejor tu tiempo y podrás prestar atención a lo realmente importante e inmediato.

5. Pide ayuda si la necesitas

Está íntimamente ligado con lo anterior. Para todo eso que no puedes controlar, es aconsejable buscar un plan B. No sientas que pedir ayuda es una derrota;de hecho, es mejor completar un trabajo a tiempo con asistencia que encargarte tú solo de ello y no poder entregarlo. De nuevo, no eres una máquina.

En estos casos, es una buena idea que te acerques a tu jefe y se lo plantees directamente. Él también está ocupado con sus obligaciones y no siempre está pendiente de las necesidades del equipo. No solo te servirá para quitarte un peso de encima, sino para establecer una relación de confianza con él.

6. Recuerda qué te gusta de tu trabajo

Por último, recuerda: no has venido aquí a sufrir, y si es así, quizá debas intentar darle un giro de 180 grados a tu situación laboral, en la medida de lo posible. En la mayoría de las ocasiones, el estrés en el puesto de trabajo nos impide disfrutar de aquellas cosas que sí nos gustan de nuestra profesión o del clima del lugar en el que trabajamos, nuestras tareas o nuestros compañeros.

Aprende a aplicar eso del mindfulness al trabajo, aunque parezca una locura: permítete concentrarte en aquello que te apasiona y disfruta el momento, que las preocupaciones siempre estarán ahí.

 

 

 

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